con-ciencia

Un blog de Angela Posada-Swafford sobre ciencia, exploración y las cosas extrañas con que me encuentro durante algunos de mis reportajes./ A BLOG ABOUT COOL SCIENCE, EXPLORATION, AND SOME PERSONAL ADVENTURES IN SCIENCE REPORTING.

martes, 19 de diciembre de 2006

Marcapasos nanométrico



El marcapasos del futuro reposa en una cajita plástica de medio centímetro en el laboratorio del ingeniero electrónico colombiano Jorge Reynolds en Bogotá.

Y aunque los circuitos de este prototipo parecen diminutos comparados con los marcapasos actuales, siguen siendo gigantes en relación a lo que nos espera en el futuro: un marcapasos a nanométrico (una escala que básicamente significa objetos que son un millón de veces más pequeños que un metro). En realidad se llamará un “nanopuente” auroventricular, una partícula tan pequeña que será inyectada por medio de un catéter hasta colocarse en esa región del corazón, desde donde enviará pulsos de electricidad dosificados -lo mismo que ahora hace un marcapasos- pero sin tener que cambiarse para reponer las pilas. Porque, al igual que el submarino que llevaba a Raquel Welch en la película Viaje Fantástico, este dispositivo usará la química y la electricidad del mismo cuerpo del paciente para recargarse automáticamente cada vez que lo necesite.

Pocos saben que Jorge Reynolds diseñó el primer marcapasos de implantación externa colocado a un paciente (por allá en 1958, a un sacerdote ecuatoriano), y que fue co-inventor del marcapasos de implantación interna con un grupo de especialistas británicos. Ese primer aparato colocado al sacerdote utilizaba como pila una batería de automóvil, la cual tenía que ser transportada en un carrito hasta el altar. Vale decir que el prelado vivió otros 18 años, ¡y habría que imaginárselo dando misa con el monaguillo detrás empujando el carrito con la pila!

Puesto que la pasión de Reynolds es entender el funcionamiento eléctrico de todos los corazones, bajo sus electrodos han caído toda clase de bichos. Desde las ballenas jorobadas hasta los mosquitos, le ha sacado electrocardiogramas además a una anguila eléctrica, una iguana de las Galápagos, Lolita (la ballena del Seaquarium de Miami), un embrión de trucha, y hasta mi amigo Francisco Ferreras, el campeón mundial de buceo a pulmón libre.

El proyecto del “nanopuente” está “en construcción”, y se calculan otros dos años hasta que la tecnología se miniaturize. Lástima que la partícula no tenga la cara de Raquel Welch.

El portal del Proyecto Nanopuente: http://www.nanomarcapasos.com/

sábado, 9 de diciembre de 2006

La Criatura


Hace un par de meses, dos hermanos de apellido Svensen estaban buceando en Noruega cuando se toparon con esta masa gelatinosa transparente de 70 centímetros que “parecía una bola de playa con una raya roja gruesa por dentro”. Los hermanos tomaron fotografías submarinas de la criatura y se las mostraron a un amigo biólogo de la Universidad de Bergen. Durante semanas los biólogos estudiaron la foto y consultaron a otros expertos en diversas partes del mundo.

Pensaban que podría tratarse de un alga o de una misteriosa acumulación de microorganismos. Finalmente, un profesor de zoología de Nueva Zelanda corroboró que la bola gelatinosa era un saco de huevos de calamar fertilizados. Pero a simple vista lo que no pudo afirmar es si se trataba de cualquier calamar, o, dado el gran tamaño de la bola, de los bebés del calamar gigante, Architeuthis dux, el mismísimo Kraken de Julio Verne. Ese que puede llegar a medir 20 metros de largo, y que hasta hace muy poco teníamos catalogado en la gaveta de los Monstruos Marinos Mitológicos. La criatura fantástica de la que sólo habíamos podido ver trozos sin forma llenos de chupas y garfios afilados que el mar arrojaba en las playas; y que sólo se llegó a filmar por primera vez el año pasado cuando unos pescadores japoneses la vieran peleando contra la cadena del ancla de su barco.

Tiene que haber más cosas escondidas en el dominio del calamar gigante, la zona abisopelágica del océano a 5.000 metros de profundidad, donde la presión es de más de ocho millones de libras por pulgada cuadrada. Pero, los 320 millones de millas cúbicas de agua del océano hace que vivamos en un mundo dividido.
Claro que esas son buenas noticias para Architeuthis.

Foto de Rudolf Svensen

martes, 5 de diciembre de 2006

Bel canto urbano


Póngase en los zapatos, o mejor “en las plumas” de un pajarillo como este, cuyos tatarabuelos, que solían vivir en el bosque, emigraron a la ciudad en busca de oportunidades –como les sucede a los campesinos en tantas regiones del mundo. Este jovenzuelo no lo sabe, pero las tonadas que cantaban sus tatarabuelos eran completamente distintas de las que él y sus hermanos cantan hoy en día, porque a lo largo de las generaciones las criaturas han tenido que competir con el medio ambiente citadino: las bocinas de los automóviles, el rítmico tronar de las obras de construcción, el sordo clamor del tráfico.

Y ahora sus vocecitas se han ajustado forzosamente a ello. Investigadores de la Universidad de Leiden descubrieron que los llamados de por lo menos dos especies de aves urbanas son más cortos que los de sus contrapartes rurales, y que su frecuencia es más alta, para poderse escuchar entre los ruidos de baja frecuencia del medio ambiente metropolitano.

Aunque interesante, esta adaptación acústica no tiene por qué sorprender a nadie. Después de todo, es lo mismo que aprender a abrirse paso a codazos para entrar al metro a las 8 de la mañana.


Crédito de la foto: Marlene Thyssen

viernes, 1 de diciembre de 2006

¿El primer computador del mundo?


Qué nombre más maravilloso para una reliquia misteriosa: El Mecanismo de Antikythera. Suena como salido de Los Cazadores del Arca Perdida, o el Código de DaVinci. Lo sacaron hace un siglo de un naufragio griego cerca de una isla con ese nombre, y ahora está siendo estudiado por un equipo de historiadores de la ciencia de la Universidad de Cardiff en Gran Bretaña. El instrumento, una pieza de bronce corroída y llena de ruedas y mecanismos que vagamente recuerdan a un astrolabio o un reloj, había desafiado todas la explicaciones. Algo que parece haberse adelantado mil años a su época.

Una tomografía computarizada de Rayos X de su exquisito pero fragmentado interior está permitiendo a los científicos descifrar el funcionamiento de su mecanismo. Y entonces, basado en ello, construyeron un modelo virtual, ¡que funciona!

Sus 37 engranajes y otras complejidades copian, con increíble exactitud, los movimientos del sol y los planetas, quizás para servir como reloj de las estaciones y para predecir eclipses. Es como un planetario medieval antiguo pero más inteligente. Los expertos opinan que quizás las teorías del astrónomo griego Hiparco tuvieron algo que ver en su diseño, y que habría podido ser hecho para un emperador romano.

¿Por qué sólo se habrá descubierto uno? ¡A ver si resulta ser una máquina del tiempo!
Foto de la Universidad de Cardiff