con-ciencia

Un blog de Angela Posada-Swafford sobre ciencia, exploración y las cosas extrañas con que me encuentro durante algunos de mis reportajes./ A BLOG ABOUT COOL SCIENCE, EXPLORATION, AND SOME PERSONAL ADVENTURES IN SCIENCE REPORTING.

sábado, 16 de enero de 2010

¡Bravo Palmer Station!

Stacie, izquierda, y Diane, derecha, trabajan como chef y administradora, respectivamente, en Palmer Station, durante 5 meses. El plan del fin de semana: un descanso en el jacuzzi, a la sombra de los icebergs.
El precio a pagar por mi viaje antártico fue un tobillo roto. Cortesía del Paso de Drake, durante la travesía de regreso, en el buque. Una ola especialmente agresiva, de esas de 10 metros, tuvo a bien empujarme hacia adelante violentamente, justo en el instante en que sólo tenía un punto de apoyo en todas mis cuatro extremidades: cuando levantaba un pie para pasar por el umbral de la puerta-escotilla que daba a la cocina de abordo, y las dos manos estaban ocupadas con la videocámara. Quizás fue un castigo del Olimpo por mi vanidad, ya que ese día me había levantado vanagloriándome de mi inmunidad ante el mareo que abatió a más de la mitad de los pasajeros.

Pero mientras el tobillo sana, la mente quedó llena de las experiencias en Palmer, tanto ecológicas, científicas y de aventura, como humanas. Esa pequeñísima comunidad que es Palmer Station, allá en su lengüeta de roca y hielo, es un ejemplo de tolerancia y cohabitación amigable y respetuosa. Una sociedad que se autoregula, se cuida y se cura ella sola, como un organismo hecho de partes individuales que funcionan como un todo.

Si el resto de nuestras sociedades fuera como esta remota estación de investigaciones a los 64 grados de latitud sur, un ejemplo de respeto, el mundo sería otra cosa muy distinta. ¡Bravo Palmer!