con-ciencia

Un blog de Angela Posada-Swafford sobre ciencia, exploración y las cosas extrañas con que me encuentro durante algunos de mis reportajes./ A BLOG ABOUT COOL SCIENCE, EXPLORATION, AND SOME PERSONAL ADVENTURES IN SCIENCE REPORTING.

jueves, 2 de abril de 2009

La nariz de la NASA…¿olfateando tenis malolientes?


George Aldrich en pleno juzgamiento.
Ah, George Aldrich… ¡qué personaje! No importa cuán serio sea este toxicólogo que trabaja para la NASA en el White Sands Test Facility de Nuevo México, basta descubrirle la mirada de chico travieso para uno saber que es único en su género. Conocí a George hace como ocho años, cuando fui a escribir un artículo para Muy Interesante y New Scientist sobre “la nariz de la NASA”… que era y sigue siendo el apodo de este simpático caballero. George tiene una nariz privilegiada y entrenada como el más fino de los sabuesos. Así como un conocedor de vinos puede desmenuzar los componentes de un buen Rioja con solo hacer “sniff”, George es capaz de decirte si un objeto que va a subir al espacio está hecho de tales o cuales materiales, y si esos materiales van a representar un problema para los astronautas en órbita.

Al estar sometidos a los cambios de presión y temperatura dentro de la estación espacial, los objetos sueltan gases, que podrían generar los olores más espantosos del mundo. Por ejemplo, la tinta con que estaban impresos los manuales de instrucciones del programa Apollo sencillamente apestaban. Y allá arriba no hay como abrir una ventana. La parte aun más seria del trabajo de George es detectar si lo que sea que se suba a bordo (desde el cepillo de dientes del comandante hasta los experimentos de ciencia), va resultar tóxico. Y entonces, antes de cada misión, se entrega a este curioso proceso de calentar, pasar por un analizador de gases tóxicos, y luego oler toda clase de objetos raros. “He olido desde los cosméticos de la primera astronauta Sally Ride, hasta la colección de CDs de un cosmonauta”.

Esa vez en su laboratorio, George (cuya tarjeta de presentación realmente lo identifica como la Nariz de la NASA”, con todo y un zorrillo recostado contra el shuttle), me invitó a participar en una misión de olores que duró todo un día. Me calibraron la nariz, al igual que hace él, oliendo 7 botellitas con los “olores primarios”, que van desde el almizcle hasta lo podrido. Pero luego me llevó a almorzar y me contó sobre algo aun más divertido: como si no tuviera suficiente con oler cosas todo el día. George participa anualmente en un extraño ritual de la clase media estadounidense: es juez en un concurso de "Los Zapatos Tenis más Olorosos y Espantosos". La gente va, se quita los zapatos, George se los pasa bajo su delicado instrumento olfativo, y escoge al peor ofensor. En realidad, el concurso está patrocinado por un talco para quitar los malos olores del pie. Una brillante maniobra de relaciones públicas.

Uno pensaría que tras no sé cuántos años de oler tenis podridos, George habría tenido suficiente. Pero ¡qué va! Esta es una foto de su más reciente juzgamiento, el mes pasado…a tu salud, Nariz!

1 comentarios:

Blogger RosaMaría ha dicho...

Curioso,interesante, divertido. Qué buena oportunidad estar al lado de un hombre con una profesión tan curiosa!
Gracias por hacernos conocer estas realidades. Besos

jueves, abril 02, 2009  

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