con-ciencia

Un blog de Angela Posada-Swafford sobre ciencia, exploración y las cosas extrañas con que me encuentro durante algunos de mis reportajes./ A BLOG ABOUT COOL SCIENCE, EXPLORATION, AND SOME PERSONAL ADVENTURES IN SCIENCE REPORTING.

martes, 10 de junio de 2008

He aquí a nuestro nuevo invasor

La belleza letal del pez león, un huésped no invitado al Sur de la Florida./NOAA

En Miami sucede lo que no dudo también pasa en otras partes del mundo: la gente va a la tienda de mascotas un domingo cualquiera, se enamora de alguna criatura, se embeleca, se obsesiona y siente que ya no va a poder vivir sin el animalillo en cuestión. Acto seguido, lo compra. Pero después se aburre, o le queda grande, o le toma miedo, o asco, o pereza o lo que sea, y entonces el pobre bicho va a dar de cabeza a la caneca de la basura, o termina buceando toilet abajo. Cuando tiene suerte acaba en el jardín del vecino, en el zoológico municipal, o en el caso de Miami, en los canales que rodean algunos vecindarios o simplemente, en mar abierto.

Para los miamenses esta procesión de especies invasoras exóticas no es nada nuevo. Puesto que el clima es demasiado benigno y nunca hay heladas que acaben con la comida, “todo prende” y todo se da. Y entonces aquí lo hemos visto todo: serpientes burmesas compitiendo contra los alligators de los Everglades; árboles de melaleuca chupándose el agua de todo el mundo como si sus raíces fueran de papel secante; ranas cubanas que hallan irresistible el zumbido de los generadores de las plantas eléctricas, acudiendo en masa a hacerle el amor al aparato y llegando a ocasionar cortocircuitos que causan apagones localizados.

Ahhh, pero ahora tenemos a un invasor más temible. Porque, a diferencia de las otras criaturas, ésta es tan hermosa como venenosa. Capaz de mandarlo a uno al hospital en minutos y no siempre con final feliz. Se trata del pez león del Pacífico (Pterois volitans). Ese del vistoso disfraz de cebra y púas cargadas de ponzoña. Pues bien, es nuestro nuevo residente. Así que, ojo, los tiburones ya pasaron a otro plano. Ahora la verdadera causa de preocupación para los buzos desprevenidos es este pez, desplazado y oportunista.

¿Hacer algo al respecto? Olvídelo. La NOAA lleva siglos tratando de contrarrestar a otros bichos polizones, según constatan en su web site. No funciona. Y eso que aun ni siquiera sabemos el impacto ambiental del animalillo en los arrecifes coralinos. Puesto que no son de por aquí, tampoco tienen depredadores naturales. Y son bastante agresivos.

Welcome to South Florida, the land of opportunity.

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