con-ciencia

Un blog de Angela Posada-Swafford sobre ciencia, exploración y las cosas extrañas con que me encuentro durante algunos de mis reportajes./ A BLOG ABOUT COOL SCIENCE, EXPLORATION, AND SOME PERSONAL ADVENTURES IN SCIENCE REPORTING.

miércoles, 10 de octubre de 2007

¡Que venga otro Sputnik!


Hace pocos días compré en la tienda de un museo de arte moderno una pequeña escultura con imanes para organizar los memos del escritorio. Me gustó porque es idéntica al Sputnik. Esa primera luna soviética sigue siendo uno de los satélites más artísticos que se han diseñado. Me gustaría ver una copia gigante en algún parque urbano, algo así como las esculturas de Claes Oldenburg, quien le rinde culto a objetos tan cotidianos como un gancho para colgar ropa, un tornillo, o un borrador, agrandándolos al tamaño de edificios. Después de todo, el valiente argonauta se merecería semejante reconocimiento: Sputnik le abrió la puerta a la era de los satélites, que 50 años después son los aparatos que, simplemente, rigen al mundo.

Hay al menos 850 de ellos activos orbitando al planeta, más todos esos otros satélites militares, tan secretos que es como si no existieran. Hoy en día damos por sentado la inmediatez de las noticias televisadas, la comodidad de los celulares, la abrumadora cantidad de información vital constantemente a nuestros pies. La industria privada lanza satélites a manos llenas. Tantos, que ya ni se molestan en anunciarlos. El negocio está tan bueno como vender panes calientes a la salida de un colegio.

¿Necesita Estados Unidos otro Sputnik que le aguijonee los costados con una nueva carrera espacial y le obligue a hallar el camino responsable del uso del espacio? No hay nada como la competencia para empujarlo a uno a sacar a relucir lo mejor que tiene. Por eso, ¡que venga otro Sputnik!

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