con-ciencia

Un blog de Angela Posada-Swafford sobre ciencia, exploración y las cosas extrañas con que me encuentro durante algunos de mis reportajes./ A BLOG ABOUT COOL SCIENCE, EXPLORATION, AND SOME PERSONAL ADVENTURES IN SCIENCE REPORTING.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Cecilia


Llegó a la Estación Palmer una fría noche de noviembre, cuando los témpanos azules, traídos por los fuertes vientos del este, comenzaban a invadir la bahía. Simplemente amaneció allí en las escaleras del galpón de los botes zodiac; su pelaje húmedo era color pardo casi del mismo tono de la madera, y sus ojazos redondos punteados por largas cejas miraban vívidamente en torno suyo.
Su madre la había destetado a las tres semanas de nacida, y ahora, con cuatro semanas, la adorable hembra de foca elefante antártica estaba descubriendo el mundo. Algo le pareció irresistible en Palmer. Quizás el color de los edificios azules. Quizás la forma de los zodiacs en la superficie. Quizás los cantos de canción de cuna de los emocionados habitantes de la estación, que trataban de permanecer alejados unos metros de ella para no predisponerla al contacto humano.
Alguien la bautizó Cecilia.

Y Cecilia permaneció varios días en Palmer, allí en sus escaleras de madera, dejándose consentir a distancia, y hasta mostrándose ofendida cuando el ruido de los zodiacs interrumpían su sueño de bebé. Alguien más preguntó qué estaría comiendo. “Nada”, le respondieron. “Las focas elefante reciben de su madre semejante cantidad de leche materna tan llena de nutrientes y grasas, que parece cuajada. Puede sobrevivir varias semanas de sus reservas de grasa, mientras aprende a comer, y no, no están en ningún peligro de extinción, al contrario”.

Un buen día, Cecilia desapareció. Todos la buscaron y la buscaron, sin éxito; Había dejado un gran vacío, pero todo el mundo sabía que habría de suceder tarde o temprano. Cecilia había seguido su camino por las islas del Archipiélago Palmer, aprendiendo a atrapar calamares y peces, aprendiendo a bucear poco a poco. Eventualmente podrá llegar a los -1,500 metros, podrá permanecer sumergida 2 horas y su corazón (para ahorrar oxígeno) latirá sólo una vez por minuto.

Y un día, formará parte del harén de un macho de 4,000 kilos y 6 metros de largo, junto con otras 50 hembras como ella pero nunca iguales a ella, porque todos en Palmer queremos pensar que Cecilia es única. Después de todo, es la foca elefante que se atrevió a trabar contacto con los humanos.

2 comentarios:

Blogger Manu ha dicho...

¡Que bonito!.

Intento imaginarme un animal de seis metros de largo y 4.000 Kg. de peso y no te creas que me resulta nada fácil. Pobres hembras.

lunes, diciembre 07, 2009  
Blogger RosaMaría ha dicho...

Qué hermosa historia! Imagino que la estrañarían. Muy buenos tus posts. No se si entró mi comentario al siguiente. Reitero mis felicitaciones y vuelvo a enviar un cálido abrazo y beso de 10.

martes, enero 12, 2010  

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