con-ciencia

Un blog de Angela Posada-Swafford sobre ciencia, exploración y las cosas extrañas con que me encuentro durante algunos de mis reportajes./ A BLOG ABOUT COOL SCIENCE, EXPLORATION, AND SOME PERSONAL ADVENTURES IN SCIENCE REPORTING.

viernes, 20 de noviembre de 2009

¡Desde la Antártida!

Si miras con atención podrás ver la Estación de Investigaciones Palmer en una punta de Anvers Island. Será mi casa por varias semanas.

Esta misma tarde salgo desde Miami hasta Punta Arenas, Chile, para embarcarme en un rompehielos de la National Science Foundation con destino a la Península Antártica. Puedes seguir mi viaje diariamente con despachos que estaré enviando a un website especialmente creado en MUY INTERESANTE, con fotos, videos, audio y textos. Hay mapas interactivos y mas, y podrás enviarme preguntas.

El viaje durará 36 días, y es parte de la beca que gané para un periodista, otorgada por el Marine Biological Laboratory. El objetivo es reportar sobre los estudios que se llevan a cabo en la Estación Palmer, una de tres bases que Estados Unidos mantiene abiertas todo el año en el continente antártico. Palmer, a través de su Estudio de Investigaciones Ambientales a Largo Plazo, LTER, lleva más de 20 años almacenando información crucial acerca de cómo ese ecosistema responde al cambio climático. La Península Antártica es un lugar donde el calentamiento global se está sintiendo 5 veces más fuerte y rápidamente que el resto del planeta.

Entonces los científicos de Palmer Station quieren entender la interacción entre la triple frontera del hielo, el mar y el viento, desde un microbio hasta una ballena, la estructura de los hielos, etc.
Pero antes, me espera la temible navegación de 4 días por el Pasaje de Drake, el lugar de los mares más violentos del globo…ay, ay…

1 comentarios:

Blogger Manu ha dicho...

Vaya Ángela, eres toda una viajera-aventurera. ¡Que envidia más sana me das!.

Cuídate y abrígate mucho, que aunque vaya a ser verano en el hemisferio sur..., me temo que el cambio climático lo sentirán los pobres pingüinos, pero no los intrépidos humanos que a falta de adaptación natural, no nos queda más remedio de echar mano de los recursos tecnológicos a nuestra disposición.

Ojalá frenemos lo inevitable, por paradójico que pueda sonar.

Un fuerte y caluroso abrazo.

viernes, noviembre 20, 2009  

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