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Un blog de Angela Posada-Swafford sobre ciencia, exploración y las cosas extrañas con que me encuentro durante algunos de mis reportajes./ A BLOG ABOUT COOL SCIENCE, EXPLORATION, AND SOME PERSONAL ADVENTURES IN SCIENCE REPORTING.

domingo, 17 de febrero de 2008

Los sorprendentes corales del abismo


Por allá a los 2,000 metros de profundidad, donde las presiones aplastantes conspiran con el frío y la oscuridad perpetua para desafiar a las formas de vida oceánicas, crece algo que no mucha gente asocia con el abismo: corales.
Los corales de las profundidades, a diferencia de sus primos de aguas cálidas y llenas de luz, son seres desconocidos, amenazados e increíblemente sorprendentes. Ese fue el consenso de una de las tantísimas conferencias de esta reunión anual de la AAAS en Boston.

A dos kilómetros de profundidad no hay luz para la zooxantela, el alga que vive dentro de los pólipos coralinos en una legendaria relación simbiótica. Al no existir el alga, los corales no se pueden alimentar de los nutrientes que ésta produce tras hacer la fotosíntesis. Entonces los arquitectos de las estructuras coralinas deben arreglárselas como puedan para atrapar bocaditos de alimento con sus brazos microscópicos. Eso significa que crecen muy lentamente. También significa que son antigüedades vivientes: algunas especies, que fueron fechadas con la técnica del carbono, ¡tienen 4,000 años de edad! Esta antigüedad significa además que sus esqueletitos guardan la historia del paleoclima del planeta: toda una enciclopedia sobre los cambios en la circulación de las corrientes del océano y sus temperaturas, por ejemplo. (Aquí está ese comunicado de prensa).

Y al igual que sus colegas de la superficie, los corales del abismo son como las selvas del mar: montañas submarinas que garantizan la biodiversidad y la protección de los peces bebé. Desafortunadamente, justo cuando los investigadores comienzan a entender este ecosistema, descubren también cómo está siendo destruido por las redes de arrastre profundas. Los aparatos son tan buenos en arrasar, que sus efectos incluso se pueden observar desde el espacio mismo.

Foto: Lophelia pertusa. Crédito: S. Ross et al., UNCW.

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