con-ciencia

Un blog de Angela Posada-Swafford sobre ciencia, exploración y las cosas extrañas con que me encuentro durante algunos de mis reportajes./ A BLOG ABOUT COOL SCIENCE, EXPLORATION, AND SOME PERSONAL ADVENTURES IN SCIENCE REPORTING.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Mi pequeño camptosaurio



El recientemente renovado Hall de los Dinosaurios del venerable Museo Carnegie
en Pittsburgh, acaba de abrir al público, con un fabuloso mural de 55 metros de largo que envuelve las paredes de varias salas de exhibición. De hecho, es el mural más grande del mundo. La bucólica escena muestra el universo de los dinos hace 150 millones de años en el occidente de EE.UU. Todos esos dinosaurios plasmados en la pared están basados en fósiles hallados dentro de la archifamosa Formación Morrison, que ha producido algunos de los dinos más célebres del mundo.

Escogí ilustrar esta nota con las imágenes del mural donde aparecen los dos camptosaurios… por la sencilla razón de que, hace unos cuantos meses, tuve la maravillosa oportunidad de trabajar directamente en los huesos de uno de ellos, mientras hacía un reportaje sobre la reconstrucción de huesos de dinosaurios famosos, para la revista Muy Interesante (Julio 2007 #314).

Este camptosaurio en particular era pequeño (unos tres metros de largo) y frágil, y sus vértebras estaban malamente deformadas, aplastadas por la postura en que murió el animal. El magnífico trabajo de los artistas de la empresa reconstructora de dinosaurios Phil Fraley Productions, en Patterson, Nueva Jersey, consistió en sacar al camptosaurio de su matriz de roca y ponerlo en pie, según las indicaciones del paleontólogo del Carnegie, Matt Lamanna. Pero una cosa era hacer lo que Matt quería (que el dino estuviera exhibido en cierta postura) y otra, ¡lo que las vértebras fosilizadas nos permitían hacer con el cuello!

Y otro punto clave: había que preservar los ligamentos fosilizados que atravesaban a lo largo de las vértebras, como gruesos cordones de zapatos.

Al final, creo que “hicimos” un buen trabajo con mi pobre camptosaurio, colocando las vértebras sobre monturas que semejan a las de un diamante sobre un anillo, pero sin violar los huesos con ningún clavo o tornillo. Cada vez que necesitábamos variar la postura del cuello, sólo aflojábamos el engaste con un destornillador de joyería, y volvíamos a empezar. La cabeza, no obstante, es falsa, pues nunca se encontro, entonces hubo que hacer un molde nuevo.

¡No veo la hora de ir a visitar a mi pequeño herbívoro en su nueva casa!
Foto: John Scott Lucas

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