con-ciencia

Un blog de Angela Posada-Swafford sobre ciencia, exploración y las cosas extrañas con que me encuentro durante algunos de mis reportajes./ A BLOG ABOUT COOL SCIENCE, EXPLORATION, AND SOME PERSONAL ADVENTURES IN SCIENCE REPORTING.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Tras la sonrisa del delfín

Hacía meses no le ponía las manos tan largo rato, ni en tantas partes del cuerpo, a un delfín nariz de botella, es decir, a Flipper. Fue ayer, gracias a una genial invitación al "encuentro con delfines" del Seaquarium de Miami que me hizo un buen amigo. Me di el gusto de rascarle la barriga, examinarle la cola, jugar a tirarle balones de fútbol, acariciarle el lomo y hablarle a media lengua a Luna, cuyo rostro de delfín no puede esconder su cara de niña bonita y delicada. Los delfines de este programa se ven saludables y contentos, como probablemente lo estén. Sus jóvenes entrenadores están entregados en cuerpo y alma a los juguetones mamíferos, y en la piscina del encuentro todo es armonía y sonrisas.

Pero mirando un poco más allá, tras la sonrisa del delfín, la sensación que uno tiene es que el otrora venerable y famoso Seaquarium de Miami se está desintegrando. Sus tanques extremadamente pequeños, su un tanto dilapidada arquitectura de los años cincuenta -que capas de pintura tratan valientemente de esconder-, los manchones, chorriones, raspaduras en las paredes de las vitrinas, el moho de las exhibiciones de los peces, la notable falta de visitantes, hablan de un lugar que se quedó atrás por falta de interés de parte de la ciudad de Miami. La misma que prefiere meterle miles de millones de dólares a un nuevo estadio de béisbol y cero de ayuda al acuario del que se hablaba en todas partes.

El encuentro con los delfines y la natación con los delfines, que cuesta el doble que el primero, son esfuerzos titánicos –y que valen la pena experimentar- de parte del acuario por sobrevivir. E irónicamente, a tiro de piedra detrás de la piscina de Luna y compañía, están las oficinas del decano y la facultad de la renombrada Escuela Rosenstiel de Ciencias Marinas y Atmosféricas de la Universidad de Miami, es decir el pináculo en investigaciones y conservación marina del sudeste estadounidense.

Me pregunto ¿por qué no se habrá dado una sociedad entre ambas instituciones que le tire un salvavidas al Seaquarium? Miami, bañada de agua de mar por casi todos sus costados, podría -debería- tener un acuario del siglo 21. Pero no. Se dejó quitar el honor por el estupendo acuario de Georgia. El mismo que ahora es el punto central de la ciudad. Y ni qué decir el edificio orgánico que alberga al espectacular Acuario de Valencia.

Y entonces da mucha lástima ver los patéticos intentos por sobreaguar de esta reliquia de vitrina de la vida marina donde vive la sesentona Lolita, la orca más anciana en cautiverio. Una espiral de dilapidación que ni siquiera logra esconder el bello rostro de Luna.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Funerales verdes





Una empresa sueca desarrolló una manera de disponer de los cuerpos de los muertos de forma que no compromete al medio ambiente. Ellos congelan los cadáveres en nitrógeno líquido, luego usan ondas sonoras para hacerlos estallar y convertirlos en polvo. Seguidamente, al “polvo eres” se le saca el agua dentro de una cámara de vacío, y se separan los metales. Y voilá.

La empresa se llama Promession, y el método de secar los restos humanos por congelamiento se lo inventó en 1999 la bióloga sueca Susanne Wiigh-Mäsak. Exactamente hablando, la receta es:

1. Congele el cuerpo a –18 grados C.
2. Coloque el ataúd con el fallecido en un pozo de nitrógeno líquido, y deje que el objeto se convierta en algo partedizo, frágil.
3. Exponga al ataúd y al fallecido dentro de este a una vibración sonora ligera que los desintegrara hasta convertirlos en polvo.
4. Pase un imán para producir un campo magnético sobre las cenizas, con el objeto de separar el mercurio y otros metales.
5. Coloque los 30 kilos de polvo que quedan, dentro de una caja hecha a partir de almidón de maíz y papa.
6. Entierre la caja no muy lejos de la superficie, para que el polvo se convierta en material orgánico, lo cual tomará unos 6 meses. Luego puede sembrar un árbol allí, para que acabe de absorber los nutrientes.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Un cubo con el esqueleto por fuera

A unos 10 minutos de mi apartamento en Miami Beach, cruzando el Intracostal en dirección al downtown de Miami, están construyendo un edificio de lo más interesante. Se llama Cube. Y es como los escarabajos. Es decir, tiene un exoesqueleto: su armazón de acero y vidrio, en lugar de estar por dentro, como nuestra columna vertebral, está por fuera. Genial. La estructura que aguanta el peso de Cube es de acero dinámicamente reforzado con trozos de concreto, en lugar de tener un montón de concreto vertido. O sea que es ligero, pero especialmente, el tener la armazón por fuera libera el interior de muchas responsabilidades estructurales.

Entonces, los arquitectos aficionados que compran unidades allí pueden darse el lujo de dictar cuáles paredes y cuáles pisos mandar a tumbar. En este edificio sin una estructura rígida tradicional, el cliente tiene poder de decisión sobre cómo estarán organizados los módulos dentro del volumen interior del edificio. Pueden conectar sus módulos en forma horizontal o vertical. Pueden diseñar un loft, un dúplex, un estudio, o un apartamento de un piso. Algunos estarán colgando como enormes balcones aferrados a la pared. Otros, encajados en nichos. Los sistemas de plomería y electricidad son conducidos a través de un ramal central, con lo cual es fácil acceder a ellos y al mismo tiempo es difícil noquearlos accidentalmente con un martillo eléctrico al remodelar.

No sé si este mal clima de inversiones en finca raíz signifique un dolor de cabeza para el arquitecto Chad Oppenheim, que basó a Cube en su tesis de grado de Cornell en 1994. Pero de seguro el edificio de 15 pisos lo ha puesto en todas las revistas de arquitectura, como no han hecho sus otros proyectos en Dubai y Las Vegas. Los precios? Unos US$800 el pie cuadrado.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Ellos soltaron la bola

Al escarabajo Onypterigia tricolor le quedaron debiendo un testículo.


-¿Cuál es su trabajo, caballero?

-¿El mío? Pues bien, mi trabajo es buscarles los testículos a los escarabajos.

-No me diga… ¿Y qué ha encontrado?

-Pues que a un sorprendentemente grande número de escarabajos les falta un testículo.

-Pobrecillos. ¿Y son muy desgraciados?

-Hasta donde podemos interpretar, la ausencia de la mitad del equipo no parece molestarlos en lo más mínimo.

-¿Tienen sus novias y sus familias y todo?

-Todo.

-O sea que no están de siquiatra.

-No.
-¿Es como si no tuvieran un riñón?
-Algo así. Pero en el caso de los bichos, es algo natural. No es como cuando te quitan el riñón en una cirugía.

-¿No es raro eso, en un mundo en que casi todos los animales, incluyéndonos a nosotros, son bilateralmente simétricos, es decir que los lados derecho e izquierdo del cuerpo son más o menos como reflejos en un espejo?

-Sí, está usted en lo cierto. Es extraño. Tenemos dos pulmones, dos ovarios, dos riñones, hasta el mismo cerebro tiene dos mitades…

-Pero yo sé que las culebras tienen sólo un pulmón.

-Es verdad. Ese es uno de los casos aislados. Es para que quepa dentro de ese cuerpo tan delgadito. El otro caso es el de las aves: la mayoría sólo tienen un ovario. Tal vez porque eso de alguna manera optimiza su vuelo.

-¿Y cuál testículo les falta a los escarabajitos, pues?

-El izquierdo. Casi siempre es el izquierdo.

-¿Cuál sería la causa de que hayan evolucionado así?

-Eso es lo que no sabemos. Los orígenes de “la pérdida” se remontan a unos 100 millones de años. El período Cretácico.

-Ahh…Cuando la naturaleza enloqueció diseñando febrilmente nuevos organismos, y a la velocidad del rayo. Nuevas partes, extremidades, armaduras, comportamientos, texturas. ¡Boom! Ese fue un “Big Bang” de la biología. Algo debió pasar entonces.

-Es posible que otros órganos dentro del abdomen del escarabajo tuvieran que competir or espacio. Y que el testículo hubiera salido perdiendo.

-O sea que soltaron la bola.

-Literalmente.

La anterior conversación tuvo lugar en mi imaginación entre un científico de la Universidad de California en Berkeley, y yo. La noticia, que no es imaginaria, tampoco es nueva. Es del 2005. Pero no me puedo sacar de la cabeza a estos entomólogos inclinados sobre sus microscopios, diseccionando los cadáveres de 820 especies de escarabajos (de las 37 mil especies de estos bichos que existen) en busca de los testículos. La verdad es que en este mundo hay gente para todo.

¿Le da muchísima curiosidad por leer más acerca de los escarabajos monorquidos (de un testículo)? Abra aquí.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Calma: A nadie se lo va a tragar un agujero negro


No. No vamos a sentir nada, no vamos a ver nada, no vamos a oír nada (a menos que estemos dentro del túnel mismo del acelerador de partículas Gran Colisionador de Hadrones, LHC, que acaba de “encender” la maquinaria, enterrada a 150 metros bajo la frontera francosuiza). Hay gente que está aterrorizada ante el sensacionalismo de algunos medios de comunicación que insisten en que van a crearse agujeros negros que se van a tragar la Tierra, burbujas de materia extraña, la entrada al Fin del Mundo. No hay tal. La máquina fantástica sí parece la puerta a otra dimensión. A una nueva dimensión de la ciencia real. Y hará algo mejor que toda esa ciencia ficción barata: nos permitirá comprender el universo de formas radicales. El mejor antídoto contra el miedo es el conocimiento: Entra al website del CERN, la Organización Europea para la Investigación Nuclear, donde se encuentra el acelerador, para ver, de primera mano, por qué no hay que ponerse a temblar.

La que sigue es parte de una crónica que tengo desde hace algunos meses en las páginas digitales de la revista MUY INTERESANTE. El especial, que puedes ver aquí en su totalidad, incluye animaciones del funcionamiento del colisionador, un slide show con muchas más explicaciones sobre esta catedral de la ciencia, y una entrevista exclusiva en podcast con el Dr. Álvaro de Rújula, un físico teórico español que está considerado como una de las autoridades mundiales en la materia. Quizás así la luz del conocimiento pueda limpiar algunas de las telarañas que hay en las cabezas de mucha gente, alentadas por medios de comunicación pasaditos de amarillo…


EL GRAN COLISIONADOR DE HADRONES
Para detectar las partículas más pequeñas que conforman la materia ha habido que construir la máquina más grande y poderosa del mundo. El Gran Colisionador de Hadrones, enterrado bajo la frontera francosuiza, entrará en funcionamiento a mediados de año. Su objetivo: recrear las primeras trillonésimas de segundo transcurridas tras la Gran Explosión que dio origen al universo.

Me encuentro a 150 metros bajo la superficie de la ciudad suiza de Meyrin, dentro de un socavón gigantesco. El lugar está lleno de pesadas estructuras de acero, andamios de colores, cascadas de cables y aparatos misteriosos donde resuena el chillido de perforadoras, taladros, martillos y grúas. Varios hombres hormiguean alrededor de una máquina fantástica de siete pisos que no puede describirse de otra manera que la puerta a otra dimensión.

Se trata del detector ATLAS, uno de los componentes del Gran Colisionador de Hadrones o LHC (de sus siglas en inglés Large Hadron Collider), el mayor acelerador de partículas jamás construido en la historia de la física. El artilugio de los 4.000 millones de euros, en cuya construcción han participado miles de científicos de unos 50 países. El lugar donde, después de 14 años de construcción, los físicos esperan recrear el nacimiento del universo, una y otra vez. Exactamente, 30 millones de veces por segundo.

En el otoño, dentro del túnel de 27 kilómetros de circunferencia que une el ATLAS con otros tres detectores igualmente complejos (CMS, ALICE y LHCb), comenzarán a viajar dos haces de protones en direcciones opuestas. Más de mil imanes cilíndricos unidos como salchichas y enfriados a –271ºC, una temperatura apenas dos grados por encima del cero absoluto, guiarán a las partículas. Cuando alcancen una velocidad cercana a la de la luz, chocarán frontalmente convirtiendo su energía en la masa de nuevas partículas –o como decía la famosa fórmula de Einstein, E=mc2–. Estas colisiones, que serán minuciosamente estudiadas en el corazón de los cuatro grandes detectores, serán monumentales: recrearán las condiciones primordiales de energía, temperatura y materia que existieron cuando el universo tenía menos de una trillonésima de segundo de edad.

El objetivo del LHC es revelar las partículas infinitesimalmente pequeñas –y aún desconocidas– que escribieron las reglas de todo lo que hoy constituye el cosmos. Cualesquiera que fueran las formas de la materia y las leyes y fuerzas que regían el universo hace 14 mil millones de años, cobrarán vida brevemente una vez tras otra y, si todo sale bien, dejando sus huellas en montañas de computadores. Una de las partículas exóticas que los físicos esperan “ver” es el bosón de Higgs, el hipotético eslabón perdido en la teoría que explica las características básicas del universo –el Modelo Estándar de la física de partículas–, y que aclararía qué da masa a las cosas.

La partícula, según el físico teórico Álvaro de Rújula, es “una vibración en el vacío –que no es lo mismo que la nada–. El vacío es el misterio más grande del universo y a la vez de la física de las cosas pequeñas; y para entenderlo tenemos que saber si esta partícula existe o no”. Y si existe alguna máquina capaz de mostrarnos la elusiva criatura celestial, esta es el Gran Colisionador de Hadrones –que, dicho sea de paso, son una categoría de partículas grandes que incluye a los protones–.

El LHC es operado por el personal del CERN, la Organización Europea de Investigaciones Nucleares. El mismo lugar donde se inventó la World Wide Web, y que ahora se halla en proceso de creación del Grid, una red global de computadores que promete revolucionar el mundo de la computación, aún más poderosa que internet.
El próximo 'Big Bang'
Recrear la Gran Explosión dentro de un laboratorio despierta ciertos temores. ¿Explotará media Europa con cada colisión? ¿Podrían crearse agujeros negros capaces de tragarse la tierra entera? Realmente no, dicen los físicos.

Es cierto que existe la posibilidad de que aparezcan diminutos agujeros, e incluso nuevas dimensiones en el espacio-tiempo, pero esto no supondrá ninguna catástrofe. Y es que, si bien los protones viajarán a una velocidad próxima a la de la luz, son tan diminutos que al colisionar producirán una pequeñísima cantidad de energía: unas 30 trillonésimas veces menos que la liberada por una bombilla de 60 vatios en un segundo.

Los haces protónicos dentro del acelerador son otra cosa. Cada uno de ellos, que contiene 280 trillones de protones con una energía combinada equivalente a la de un tren a 200 kilómetros por hora, estará metido dentro de un túnel con un diámetro que no supera el de un cabello y dará, nada más y nada menos, la friolera de ¡11.245 vueltas por segundo! Si, por alguna razón, un haz se desviara, podría agujerear cualquier cosa, aunque la víctima más probable sería el mismo aparato. Por eso se usan poderosos campos magnéticos, para mantener a raya a estas bestias subatómicas.

También descrito como la máquina del tiempo o el telescopio Hubble de la física, el LHC promete más de un Premio Nobel, y un modelo simple y bello que explique el elegante funcionamiento de una naturaleza que hasta ahora nos resulta harto complicada. Ciencia a lo grande para las cosas más pequeñas.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Nacieron otros dos pollitos de "Aventureros de la Ciencia"



Estoy como toda una Mamá Gallina con sus pollitos:
¡Es indescriptible lo divertido que es ver un libro de uno en una librería! Esta semana salieron en Colombia (y pronto en varios otros países de Latinoamérica, y en Amazon.com) mis otros dos polluelos: los siguientes dos libros de la serie para jóvenes AVENTUREROS DE LA CIENCIA. Hace 4 años comencé a escribir la serie (que en total tendrá 15 novelas de unas 200 páginas) de adrenalina y aventuras sobre exploración y ciencia vivida por 4 personajes de entre 10 y 14 años, y la tía de ellos, una alocada reportera de temas de ciencia. Con estas dos que acaban de salir, ya son en total 6 las que están publicadas. A veces pasaban meses sin sentarme a escribir, a veces lograba escribir una novela entera en tres meses (en las noches después del trabajo, o en tardes robadas por ahí en un cafecito, o en mañanas perezosas frente al mar). Es una cadencia complicada, esa de escribir. A veces hay que obligarse a hacerlo, cuando lo rico sería irse a la playa o al cine. Pero qué bueno es cuando terminas un capítulo, o cuando logras poner en orden una idea, o cuando un personaje hace algo totalmente inesperado, como me sucede a veces con Lucas, Juana, Simón e Isabel, los cuales juro que en ocasiones tienen vida propia.

Las dos nuevas novelas de la serie son 90 Grados de Latitud Sur, basada en nuestra aventura en el Polo Sur hace un par de años con el director de los documentales que acompañan y complementan cada novela, Mauricio Eduardo Quintero. Nada arredra a Mauricio: el me sigue hasta las Antípodas, con la cámara de video de alta definición al hombro y miles de ideas para emocionantes proyectos nuevos. Y como él, nada arredra a los cuatro chicos. En esta novela salvan a la estación de investigaciones Amundsen Scott en el polo sur geográfico, del frío destino al que la tenía sometida un hacker que secuestró sus sistemas de soporte vital y borró datos científicos preciosos a larga distancia. Eso no me lo inventé yo: en realidad un hacker rumano amenazó con hacer justamente eso en 2003. En una novela que se desarrolla en Antártica no me podían faltar los pingüinos. Así que traje a colación a Linus y a Ruby, dos polluelos huérfanos de emperador, idénticos a los cientos de polluelos huérfanos que se ven cada primavera cuando las focas matan a sus padres al borde del hielo. Felizmente, Linus y Ruby sobreviven para convertirse en valiosos aliados de las investigaciones científicas.

La segunda novela en publicarse este verano es Terror en el Cosmos. Aquí la Tía Abigaíl ha sido seleccionada como la primera periodista en viajar a la Estación Espacial Internacional (el cual es justamente uno de mis propios sueños dorados). Y claro, el libro sigue su entrenamiento como astronauta. Pero poco se imagina la tía la clase de odisea que la espera en el cosmos: un meteorito del tamaño de un maletín se desprende de otro mucho más grande, y entra en una nueva órbita que lo lanza justo en rumbo de colisión con la ISS. Mientras tanto, los 4 chicos han sido seleccionados para volar en el primer avión de turismo espacial, y quiere la casualidad de que están en posición de rescatar a la tía Abi. Gracias a la pericia de la piloto de la pequeña nave de turismo, personaje que basé en Eileen Collins, la primera comandante de un shuttle, los cuatro abordan la ISS. Y gracias al genio de Lucas, es posible reorientar la ISS hacia el sol para que sus paneles recojan los fotones que necesita para darle electricidad al laboratorio orbital –algo que el excelente astronauta británico-americano Mike Foale tuvo que hacer durante una terrible emergencia a bordo de la estación espacial rusa MIR.

Me ha divertido tremendamente ver los inteligentes comentarios que me escriben los pequeños lectores. Y me sirven mucho para guiar los libros que vienen. Pues aun faltan 8 novelas
¡¡Ouch!!
Finalmmente: Espero que algún día el Grupo Planeta de España se decida publicar a los AVENTUREROS DE LA CIENCIA en Iberia...

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Un bicho para salvar al planeta


Craig Venter (y aquí está todo sobre sus investigaciones) es todo un personaje. Una súper estrella de la ciencia. Uno pensaría que, después de haber alcanzado la fama con la decodificación del genoma humano por allá en el año 2000, el millonario velerista californiano que ama la velocidad, la competencia y la biología molecular, se sentaría a descansar. O por lo menos, que seguiría por el mismo camino de los genes humanos.

Pero no. Nadie puede acusar a Venter de no tener ambiciones en grande. El científico de mirada de lince ahora quiere reemplazar la industria petroquímica. En un laboratorio de Maryland, Venter está manipulando cromosomas con la esperanza de crear una bacteria que ingiera CO2, luz solar y agua por un extremo, y que por el otro escupa combustible líquido para poner en los tanques de los coches.

La idea es manipular el código genético de los organismos simples para convertir cosas como azúcares o luz solar o CO2, literalmente en diesel y gasolina. Venter tiene los bichos del experimento dentro de tanques parecen enormes fermentadores de cerveza, pero mucho más complejos. El experto piensa que sus primeros combustibles estarían listos en un par de años. Y aun mejor, que todos esos combustibles funcionarán con los automóviles y la infraestructura existentes. Cree que es posible que los motores de ahora ni requieran los ajustes que sí tendrán que hacer los coches que usen etanol. Esto funcionará, dice Venter, porque sus combustibles biológicos no usaran casi agua, a diferencia del etanol. Y el agua, cuando se convierte en vapor, es lo que daña los motores.

Venter imagina un millón de microrefinerías de estos bichos. Empresas privadas, ciudades, incluso personas individuales podrían tener una y hacer su propio combustible. ¡Vaya futuro interesante! ¿Y por qué no? Si en todas las casas hay un refrigerador, que hace siglos era algo inconcebible, ¡que vengan las microfermentadoras de Venter!