con-ciencia

Un blog de Angela Posada-Swafford sobre ciencia, exploración y las cosas extrañas con que me encuentro durante algunos de mis reportajes./ A BLOG ABOUT COOL SCIENCE, EXPLORATION, AND SOME PERSONAL ADVENTURES IN SCIENCE REPORTING.

sábado, 28 de junio de 2008

Una cobija para glaciares con fiebre


Fotos: Landolt y Pop. Mechanics
Al parecer los artistas Christo y Jeanne Claude no son los únicos con la idea de envolver objetos monumentales de la naturaleza. Los científicos han decidido usar ese mismo método para proteger glaciares en varias partes de Europa. Puesto que las predicciones apuntan a que el 75 por ciento de todos los glaciares de los Alpes se habrán derretido para mediados de siglo, el futuro de las pistas de esquí (para no mencionar el del agua potable, pero bueno, ese es otro problema) está en entredicho.

La respuesta al dilema es tan ingeniosa como espectacular: cubrir los glaciares de las pistas de esquí en varias partes de Italia, Suiza y Noruega con “geotextiles” especialmente diseñados para mantener adentro el frío y afuera el calor. Cada cobija sintética tiene el tamaño de una cancha de fútbol y está compuesta de paneles de lana sintética (fleece) para repeler el calor, y polipropileno y poliéster para repeler la luz ultravioleta. Un proyecto piloto en el glaciar Gurschen en 2005 resultó ser inmensamente exitoso, evitando el derretimiento del trozo de glaciar en un 80 por ciento en relación al hielo adyacente.

Las cobijas, que son intensamente blancas y vienen en rollos inmensos, tienen el magnífico nombre de Ice Protector 500 Optiforce, y fueron diseñadas por la empresa Fritz Landolt.

¿Cubrir los glaciares del Himalaya con cobijas anti-derretimiento? Uuuuhhh, por ahora no es una opción: el costo es de unos 12 millones de dolares de por milla cuadrada. Pero por mucho menos área, podría usar un trozo para, digamos, mantener frías sus botellas de cerveza en una fiesta al aire libre.

domingo, 22 de junio de 2008

Angela y el rey

Con King George, Miami Metrozoo. Foto: Ron Magill

El viernes pasado, mientras andaba recolectando información acerca de las chitas o guepardos, para un extenso artículo en Muy Interesante, fui a dar al Miami Metrozoo muy tempranito y con los ojos aún soñolientos. Me reventaba si no le ponía las manos encima a uno de estos gatos tan impresionantes. Quería tocar su pelo grueso e hirsuto, y escuchar por mí misma el ronroneo tan fuerte como el motor de un auto de carreras. Pero no estaba preparada para su mirada hipnotizante, exigente. Un par de ojos ámbar claro que comandan y retienen toda tu atención. Y nada, absolutamente nada en el mundo se mueve como una chita. Elegante, intocable, sin esfuerzo alguno, como una bailarina en el cénit de su carrera. No es de extrañar que fueran mascotas de los faraones en Egipto.

El privilegio de compartir unos instantes con una de las dos chitas “embajadoras” del zoo (un programa inmensamente existoso, creado en este zoológico por Ron Magill) fue cuanto más intenso porque este gato en cuestión es la chita rey/King cheetah. Una subespecie donde los puntos negros en el lomo se convierten en manchas alargadas, casi rayas. Un animal del cual sólo quedan 40 (cuatro-cero) en todo el planeta. He estado aprendiendo mucho sobre su estátus, biología, evolción e incierto, muy incierto futuro. Sus genes son pobres, su hábitat en el sur del cono africano, se encoge. Una más de tantas criaturas bajo la espada de Damocles.

Este hermosísimo acercamiento tuvo lugar gracias a Ron Magill, el carismático conservacionista y naturalista del Metrozoo, uno de esos personajes a los que la pasión por hacer mella en la preservación de lo que nos queda de vida salvaje se le sale por entre las costuras. Ron es tan fascinante como las chitas y las águilas arpía que adora. Una especie de Jeff Corwin con un toque latino (es de padres cubanos), que ha rechazado las propuestas de programas en Discovery Channel para poderse dedicar a este trabajo en las trincheras.

Si tan solo el Miami Metrozoo le hiciera caso a Ron, e invirtiera el dinero más conservación de vida salvaje en su medio ambiente nativo, y menos en bonitas estructuras… en cuanto King George, espero que no sea la última vez que me quedo con el olor de su pelo en las manos.

miércoles, 18 de junio de 2008

Bajo la plataforma de lanzamientos




Veo que se me ha pegado el tema del espacio. Pero la oportunidad era imposible de rechazar. Tanto, que el lunes pasado pospuse una entrevista en el zoo de Miami sobre los increíbles esfuerzos de conservación de las chitas, o guepardos, para una nota futura en Muy Interesante. Porque la invitación de la Nasa a un grupo de periodistas consistía en ir a pararse debajo de la Plataforma de lanzamientos 39A del Centro Espacial Kennedy. Guau. Esa oportunidad no llega todos los días. Así que me madrugué a las 4 de la mañana por la I-95, el mismo caminito trillado de siempre entre mi casa y las cuatro horas que la separan del complejo espacial.

Sabía que valdría la pena. En una ocasión yo había estado en lo alto de la asombrosa matriz de tubos que nutre y protege al transbordador. Pero esta vez la visita era a la base de la estructura, la fosa donde caen las llamas que despiden los propulsores, castigándola con sus 6.6 millones de libras de empuje.

La plataforma te hace sentir muy pequeñito, y es muy divertido ver las planchas de metal calcinado por la explosión controlada. La razón de la visita era ver los daños que sufrieron las paredes de ladrillo durante el último despegue. Ese reportaje acaba de subir a las páginas digitales de Muy Interesante (En la fosa del dragón).

Pero lo que emociona a cualquier entusiasta de la exploración espacial es que esta misma plataforma fue la que vio salir al monstruoso Saturno V con la misión que habría de poner el pie en la luna. No veo la hora de ver sobre esta misma colina de hormigón armado al Ares I y al Ares V, otras dos bestias de carga que harán ver al shuttle como un carrito deportivo… por allá en 2015.

sábado, 14 de junio de 2008

Confirmado: provenimos de las estrellas


Foto superior: S Krot

Los poetas siempre han dicho que somos polvo de estrellas. Yo, por mi parte, siempre lo he creído también. Pero ahora, la ciencia lo ha probado fuera de toda duda: investigadores en Europa y EE.UU. confirman por primera vez que parte de la materia prima que compone las moléculas de ADN de la vida más primitiva de la Tierra es de origen extraterrestre.
El estudio está publicado en el Earth and Planetary Science Letters.

La cuestión es como sigue: por allá en 1969 cayó en Australia un meteorito que fue bautizado como Murchison. La roca ha sido estudiada por muchas personas con objetivos distintos. Uno de los grupos de investigadores descubrió en ella unos compuestos llamados uracil y xanthina. Aunque la mayoría de los mortales nunca los hayamos escuchado mencionar, resulta que son lo que los biólogos llaman “nucleobases’, es decir, los precursores de las moléculas que componen el ADN. Eso significa, dicen los expertos, que la vida primitiva de nuestro planeta podría haber adoptado esas nucleobases que venían en los fragmentos de meteoritos, para usarlas dentro de sus códigos genéticos y comenzar a pasarlos a las generaciones subsecuentes.

Lo primero que hicieron los investigadores fue eliminar la posibilidad de que esos compuestos fueran contaminación de otras fuentes que hubieran entrado en contacto con el meteorito. Pero el exhaustivo estudio reveló que son parte íntima de la roca celestial. Según el parte de prensa de la AAAS, “el análisis muestra que las nucleobases contienen una forma de carbono muy pesada que únicamente se habría podido formar en el espacio. Los materiales formados en la Tierra están hechos de una variedad de carbón mucho más ligera”.

Entre hace a 3.8 a 4.5 mil millones de años, grandes rocas similares a la de Murchison llovieron sobre la Tierra en el momento en que se formaba la vida primitiva. El bombardeo continuo arrojó enormes cantidades de fracciones de meteoritos sobre la superficie de la Tierra. Marte y Venus.

Según uno de los autores del estudio, Mark Sephton del Imperial College de Londres, “puesto que los meteoritos son los materiales que sobraron después de la formación del Sistema Solar, los componentes claves para la vida (que incluyen a estas nucleobases), podrían existir en muchas partes del cosmos. A medida que se descubren más y más materiales en objetos provenientes del espacio, la posibilidad de que la vida se formó en donde sea que haya existido la química favorable, es cada vez más plausible”.

jueves, 12 de junio de 2008

Nada de planeta: ¡Usted no es más que un “plutoide”!

Foto: Izquierda, Plutón y su familia Charon, Hydra y Nix. Derecha, Eris y su luna Dysnomia

Nadie que esté en su sano juicio puede oponerse a un nombre tan sensacional como un “plutoide” para denominar a planetas enanos como Plutón. Es sencillamente genial. La decisión la tomó, en medio de gran algarabía, la International Astronomical Union en una reunión en Oslo, a la que habría dado un brazo por asistir.

Pobre Plutón. De príncipe pasó a ser mendigo hace dos años, cuando se le quitaron sus títulos de nobleza. Pero ahora viene la revancha porque su nombre quedará indeleblemente impreso y multiplicado sobre las cabezas de todos esos proletarios que alguna vez aspiraron a ser planetas pero no tienen la pasta suficiente para comprarse el título, y deambulan por los barrios bajos del Sistema Solar, allá lejos de los vecindarios importantes.

Dice el noble cuerpo de astrónomos en su comunicado de prensa:

“Los Plutoides son cuerpos celestes en órbita alrededor del sol, a una distancia mayor que aquella de Neptuno, que tienen masa suficiente para que su propia gravedad se imponga sobre fuerzas rígidas, de tal manera que pueden asumir la forma (casi esférica) de equilibrio hidrostático, y que no han salido del vecindario que rodea su órbita”
Léase: objetos pequeños casi redondos más allá de Neptuno que dan la vuelta al sol y tienen muchos vecinos rocosos.

Hasta ahora solo se han bautizado a dos plutoides: Plutón, como era de esperarse, y una bonita compañera con el romántico nombre de Eris,. Algo me dice que a pesar de la ignominia que le hicieron, Plutón va a salir ganando.

martes, 10 de junio de 2008

He aquí a nuestro nuevo invasor

La belleza letal del pez león, un huésped no invitado al Sur de la Florida./NOAA

En Miami sucede lo que no dudo también pasa en otras partes del mundo: la gente va a la tienda de mascotas un domingo cualquiera, se enamora de alguna criatura, se embeleca, se obsesiona y siente que ya no va a poder vivir sin el animalillo en cuestión. Acto seguido, lo compra. Pero después se aburre, o le queda grande, o le toma miedo, o asco, o pereza o lo que sea, y entonces el pobre bicho va a dar de cabeza a la caneca de la basura, o termina buceando toilet abajo. Cuando tiene suerte acaba en el jardín del vecino, en el zoológico municipal, o en el caso de Miami, en los canales que rodean algunos vecindarios o simplemente, en mar abierto.

Para los miamenses esta procesión de especies invasoras exóticas no es nada nuevo. Puesto que el clima es demasiado benigno y nunca hay heladas que acaben con la comida, “todo prende” y todo se da. Y entonces aquí lo hemos visto todo: serpientes burmesas compitiendo contra los alligators de los Everglades; árboles de melaleuca chupándose el agua de todo el mundo como si sus raíces fueran de papel secante; ranas cubanas que hallan irresistible el zumbido de los generadores de las plantas eléctricas, acudiendo en masa a hacerle el amor al aparato y llegando a ocasionar cortocircuitos que causan apagones localizados.

Ahhh, pero ahora tenemos a un invasor más temible. Porque, a diferencia de las otras criaturas, ésta es tan hermosa como venenosa. Capaz de mandarlo a uno al hospital en minutos y no siempre con final feliz. Se trata del pez león del Pacífico (Pterois volitans). Ese del vistoso disfraz de cebra y púas cargadas de ponzoña. Pues bien, es nuestro nuevo residente. Así que, ojo, los tiburones ya pasaron a otro plano. Ahora la verdadera causa de preocupación para los buzos desprevenidos es este pez, desplazado y oportunista.

¿Hacer algo al respecto? Olvídelo. La NOAA lleva siglos tratando de contrarrestar a otros bichos polizones, según constatan en su web site. No funciona. Y eso que aun ni siquiera sabemos el impacto ambiental del animalillo en los arrecifes coralinos. Puesto que no son de por aquí, tampoco tienen depredadores naturales. Y son bastante agresivos.

Welcome to South Florida, the land of opportunity.

domingo, 8 de junio de 2008

Mareas extremadamente bajas




Desde hace un par de días la marea frente a mi playa, y alrededor de toda la Florida, ha estado inusitadamente baja. El nivel del agua ha bajado a 20 centímetros por debajo de lo normal. Tanto, que he podido caminar de una punta a la otra de pequeños cayos por los cuales normalmente ando en kayak, y las puntas de los corales quedan expuestas al sol.

¿Qué rayos estaría sucediendo?, fue lo que me pregunté, y por eso acudí a Lisa Beal, de la Facultad Rosenstiel de Ciencias Marinas y Atmosféricas de la Universidad de Miami, quien escribió lo siguiente:

“Hasta donde puedo decir, estas mareas extremas tienen que ver con varias fuerzas astrales que están actuando en concierto: las llamadas mareas primaverales ‘perigeas’, que es cuando el perigeo de 28 días de la órbita elíptica de la luna están actuando en conjunto con la luna llena. [El perigeo es el punto en la órbita de una luna o un planeta en que está más cerca de la Tierra]. A esto se suma la marea tropical, que está en su mayor punto cuando la declinación de la luna está en su punto máximo [la declinación de un objeto celestial es equivalente a la latitud]. Y encima de todo, el solsticio (21 de junio) cuando el sol también está en su declinación máxima. Habrá más mareas extremadamente bajas a comienzos de julio”.

Fotos: Michael Holmstrom y NOAA