con-ciencia

Un blog de Angela Posada-Swafford sobre ciencia, exploración y las cosas extrañas con que me encuentro durante algunos de mis reportajes./ A BLOG ABOUT COOL SCIENCE, EXPLORATION, AND SOME PERSONAL ADVENTURES IN SCIENCE REPORTING.

miércoles, 27 de junio de 2007

A explorar siempre


Una rara y emocionante expedición saldrá el próximo 1 de Julio en un crucero de 40 días a estudiar la vida en el lecho submarino del océano más aislado del mundo: el Ártico. Debajo del hielo, creciendo alrededor de chimeneas de agua caliente, los científicos de cuatro países esperan hallar nuevas formas de vida.

Para llevar a cabo la exploración, los ingenieros del Woods Hole Oceanographic Institution (la misma que descubrió el Titanic) se inventaron dos nuevos vehículos autónomos y otro atado a un cable, especialmente diseñados para la tarea extremadamente difícil de trabajar en la cordillera submarina de Gakkel. Esta es la extensión del sistema de montañas sumergidas que separa a la placa tectónica de Norteamérica de la placa de Eurasia, debajo del océano Ártico, cerca del Polo Norte, y corre entre Groenlandia y Siberia. Tiene entre tres y cinco kilómetros de profundidad.

Dentro de un ecosistema que de por sí ya es bastante exótico (la fauna de las chimeneas hidrotermales del fondo del mar), hallar una de estas en una región del lecho marino que ha estado aislada por tantos millones de años, sería lo mismo que toparse con unas Galápagos del abismo. Es decir, un lugar lleno de especies totalmente distintas de todo lo que conocemos. Nadie se imaginaba que pudieran existir estas chimeneas de agua super caliente debajo del mar de hielo, pero aparentemente existen.

Lo genial aquí son los nuevos instrumentos, diseñados para buscar, hallar, hacer mapas y traer muestras de rocas y vida en condiciones extremadamente hostiles. Porque cualquiera puede botar al mar una sonda o un instrumento robot, ¡pero el truco es recuperarlo!

Mientras haya cosas por ir a descubrir, estamos condenados a explorar siempre.

domingo, 24 de junio de 2007

En primera persona


Cuando el orbitador Atlantis se desprendió de la Estación Espacial Internacional la semana pasada, Danny Olivas nos escribió este mensaje a sus amigos, después de su primera -y llena de aventuras- misión espacial :

Bien, este viaje está a punto de terminar. Tuvimos algunos problemas pero nada que no pudiéramos resolver. Logramos todos los objetivos que nos habíamos propuesto y unos cuantos más que no estaban planeados. Reflexionando acerca del vuelo y de esta experiencia, no estoy tan impresionado con lo que hemos hecho, sino con lo que aún nos queda por hacer. Dejamos la Estación ayer, y viéndola flotar sobre la tierra, esta una vez inmensa estación espacial, se convirtió en apenas otro punto de luz en el cielo nocturno. Con el trasfondo de la madre tierra observando el abrazo del padre cielo, la magnitud de lo que estamos haciendo se estrelló de cabeza contra lo que todavía tenemos por delante. Hemos hecho tanto, pero apenas arañamos la superficie de todo lo que nos queda por explorar. Es algo cierto no sólo para quienes han escogido explorar el espacio, sino para aquellos que permanecen en tierra. Desde esta percha no hay fronteras. El agua es el agua y la tierra es la tierra. La atmósfera está bellamente estratificada en gloriosos azules que se deshacen en rojos y amarillos, y nuevamente azules. La noche trae a la vista los destellos de los rayos de una tormenta allá abajo, las luces nocturnas de las grandes ciudades, los incendios forestales, y el resplandor de las partículas solares entrando a la atmósfera superior. Podremos ser distintos pero todos somos iguales. Podremos vivir en lugares distintos pero todos vivimos en el mismo lugar. Podremos pensar que somos importantes, pero no más que el de al lado. Si este viaje me ha enseñado algo, es que todos nuestros esfuerzos y logros palidecen en comparación a los esfuerzos y logros de Dios. La unidad que nos rodea y que es nuestra realidad hace que reflexione sobre todo lo que tenemos que aprender aún...sin importar a dónde escojamos viajar. Por ahora, echo de menos a mi esposa y mis hijos, y no veo la hora de verlos pronto.

Paz- Danny Olivas

Danny y sus compañeros de tripulación aterrizaron el viernes en la base aérea de Edwards en California, porque el mal clima impidió su aterrizaje en la Florida, donde estaban sus familias.

jueves, 21 de junio de 2007

¡Velocidad Warp, Franklin!



Cuando conocí a Franklin Chang-Díaz hace diez años, todavía trabajaba en la NASA como astronauta e inventor, y su laboratorio en el Centro de Propulsión Avanzada de Houston parecía el enclave de un científico demente. En medio del salón había una extraña máquina de metal reluciente, conectada a cables y monitores y venas de corrientes y fluidos vitales. “Estamos trabajando en darle Velocidad Warp”, me dijo Franklin señalando al estrambótico aparato envuelto en nubes de hidrógeno. Se trataba del VX-10, el prototipo del VASIMR, o Motor de Magnetoplasma de Impulso Específico Variable, un motor revolucionario porque promete acortar drásticamente el tiempo de vuelo de las misiones espaciales.

Resulta que ahora, por primera vez, el extraño motor batió un récord memorable: duró encendido 4 horas durante una prueba en su hangar de Guanacaste, Costa Rica (a donde fue a parar parte del proyecto VASIMR) porque Franklin es de ese país. El VASIMR es un motor a base de plasma. Funciona haciendo que grandes cantidades de aire caliente ionizado pasen por un campo eléctrico a través de imanes muy fuertes que lo dirigen hacia la tobera y lo expelen, produciendo impulso. Lo interesante es que el motor está diseñado para acelerar constantemente. Y esto es regio en vuelos espaciales porque sería capaz de generar un poco de gravedad artificial, lo cual podría ser estupendo para un astronauta

Siguiendo la tradición de Wernher von Braun (el diseñador del Saturno V, el primer cohete lunar) Franklin Chang-Díaz es un verdadero rocket scientist. ¡Y no muchas personas pueden decir eso! ¡¡Ad astra Franklin!! (es decir, “a las estrellas”, una bonita coincidencia porque así mismo se llama su empresa: Ad Astra Rocket Company).

PS: La aventura principal de mi libro EL DRAGÓN DEL ESPACIO, de la nueva colección Aventureros de la Ciencia, para lectores de unos 10 años en adelante, gira en torno al VASIMR. Aquí puedes leer el primer capítulo. (http://www.angelaposadaswafford.com/)

lunes, 18 de junio de 2007

El kilo perfecto



Las dos esferas más redondas y perfectas en la historia de la humanidad están siendo pulidas lentamente en un laboratorio de Sydney. Se trata de un esfuerzo internacional por producir un nuevo estándar global para el kilogramo. Está dirigido por la organización del gobierno australiano CSIRO (tan familiar en ese país como la NASA a los entusiastas del espacio, o el FBI a los criminólogos), a través de su Centro de Óptica de Precisión.

En la ciencia, un kilo aquí, tiene que pesar exactamente el mismo kilo allá. Y de eso depende la exactitud en las mediciones de todos los investigadores del planeta. El estándar antiguo para el kilogramo fue hecho en París hace más de un siglo: es una barra de platino e iridio que se está deteriorando (es decir, está perdiendo átomos) por lo que ya no pesa exactamente un kilo. Su reemplazo serán estas dos esferas increíblemente puras de cristal de silicio-28 que científicos rusos y alemanes venían cultivando desde hace tres años con ternura casi maternal. Cada esfera de 93 milímetros de diámetro pesará un kilo, con imperfecciones en su redondez de apenas 35 millonésimas de un milímetro.

El cristal de silicio tiene la ventaja de que no se pudre con la humedad y no está sujeto a la corrosión o contaminación. El objetivo último del proyecto es redefinir el kilo en términos del número de átomos, y no como un objeto que puede dañarse con causas ambientales. ¿Lograrán llegar a la perfección de saber exactamente cuántos átomos de silicio forman un kilo? El proyecto significa que el kilo será de ahora en adelante una constante reproducible, una cierta cantidad de silicio, y no un trozo de la sustancia.

Lo interesante es que se necesiten siete países (Rusia, Alemania, Italia, Bélgica, Estados Unidos, Australia, Japón), en cooperación con el Buró Internacional de Pesas y Medidas, para lograr cultivar, pulir y medir el volumen y la masa de un cristal perfecto.

jueves, 14 de junio de 2007

¿ADN Basura? ¡Qué insulto!



Cuando finalmente decodificaron el genoma humano, en 2003, los científicos describieron nuestro genoma como un libro de instrucciones que había que aprender a leer. Mi analogía favorita, sin embargo, fue la de Eric Lander, del Whitehead Institute -a quien tuve la fortuna de entrevistar largamente en Cambridge, ya que es uno de los grandes cartógrafos de nuestros genes. Según Lander, el genoma es una lista de partes enorme. Como la lista de partes de un Boeing 747. “Pero ahora que tenemos esta lista”, decía Lander, “todavía nos falta saber cómo encajan las partes una con otra, y cómo funcionan. Es decir, la lista por sí misma no nos dice cómo vuela el avión”.

Cómo vuela el avión es lo que nos comienza a decir el inmenso proyecto ENCODE (Enciclopedia of DNA Elements), creado en los National Institutes of Health, con la colaboración de cientos de científicos en el mundo entero. Pero ahora resulta que ese libro de instrucciones de nuestros genes es bastante más complejo de lo que soñamos. Tanto, que su examen a fondo amenaza con descarrilar los conceptos básicos de la biología, y hasta podría rescribir el libro de la evolución y las causas de algunas enfermedades.

Hasta ayer todo el mundo hablaba del “ADN basura” o junk DNA. Resulta que eso era producto de nuestra ignorancia crasa. No existe el ADN basura. Esas largas secuencias de letras intercaladas entre los genes, y a las que no les veíamos mucho sentido, podrían más bien acarrear información importantísima. Tan importante como los genes mismos, porque esta acción que sucede fuera de los genes podría afectar cómo y cuándo es activado un gen. Y esta información dorada será crucial a la hora de fabricar medicinas y tratar enfermedades.

La vida misma es más sabia que nosotros. Y de vez en cuando nos lo demuestra echando abajo las paredes de nuestra arrogancia.

domingo, 10 de junio de 2007

Un e-mail desde el espacio




Ayer me llegó un mensaje desde el espacio. Es de mi amigo Danny Olivas, uno de los siete astronautas que despegaron el viernes en el orbitador Atlantis rumbo a la estación Espacial Internacional. La misión es acoplar otros dos monstruosos paneles solares a ese laboratorio que cuando esté terminado en el año 2010, será la estrella más brillante en el firmamento nocturno, fácilmente distinguible con un par de binoculares. Danny realizará dos de las tres salidas espaciales planeadas para realizar esta tarea monumental. La misión STS-117 es una de las más complejas realizadas hasta ahora dentro del trabajo de construcción de nuestra casa permanente en el espacio.

Sólo quería enviarles una nota para contar que estamos de lo más bien aquí arriba. La vista es fuera de este mundo. Ahora mismo estamos revisando el vehículo para asegurarnos de que no pasó nada durante el despegue y mañana [el domingo 9 de junio] atracaremos a la estación espacial. Espero con impaciencia nuestras salidas espaciales y obtener una vista sin paralelos... Un buen amigo compartió conmigo este pasaje que también quería compartir con ustedes...Salmo 19:1 “Los cielos declaran la Gloria de Dios. Los cielos proclaman el trabajo de Sus manos”. Esta vida nuestra realmente es un regalo único de Dios.
Nos veremos dentro de un par de semanas y gracias por su apoyo... Paz.
Danny

Con seis patentes por sus inventos en materiales y herramientas relacionadas con las reparaciones en órbita del transbordador, Danny Olivas, descendiente de tercera generación de mexicanos radicados en EE.UU., es una de esas personas cuya hoja de vida se lee con la boca abierta. Y tiene la buena fortuna de ser sencillo también. Es su primer vuelo espacial, tras diez años de haber ingresado a la NASA, y tras otros nueve años de haber golpeado a las puertas de esa agencia sin darse por vencido.

¡A tu salud, Danny!

miércoles, 6 de junio de 2007

Agua del aire


Llevamos años haciéndolo dentro de nuestras naves espaciales: convertir el aire en agua potable. Eso es lo que tratan de hacer en tierra firme dos arquitectos del Technion-Israel Institute of Technology, aunque su enfoque es más sencillo e infinitamente más barato que el sistema ruso Elektron que se usa en la Estación Espacial Internacional (que además vive dañándose).

El sistema “WatAir” es una pirámide invertida que recolecta el rocío del aire y lo convierte en agua potable en casi cualquier clima. Inspirado en las propiedades recolectoras de las hojas de los árboles, una unidad de 96 metros cuadrados es capaz de extraer un mínimo de 48 litros de agua potable del aire todos los días. Según la cantidad de unidades recolectoras que uno use, sería posible producir agua diaria para poblaciones incluso en los lugares más remotos y contaminados.

O sea, justo lo que recetó el médico para esta pobre y apaleada biosfera en que vivimos.

lunes, 4 de junio de 2007

NASA en la silla caliente



Michael Griffin tiene que ser uno de los jefes más controversiales de la NASA. Todo lo que dice sobre el enfoque de la agencia espacial causa reacciones a veces cáusticas. Pero esta vez logró alzar en armas a las tres cuartas partes de la comunidad de climatólogos y otros científicos. La razón es que hace pocos días Griffin tuvo un interesante intercambio con un reportero de la National Public Radio sobre calentamiento global.

P. Se dice que la NASA no está gastando mucho dinero en estudiar el calentamiento global desde el espacio. ¿Le preocupa a usted el calentamiento global?
Griffin: Soy consciente de que el calentamiento global existe... también sé que la mayoría de los estudios apuntan con gran certeza a la conclusión de que mucho de ese calentamiento está hecho por el hombre. Pero que esto sea una preocupación a largo plazo, no podría decir.

P. ¿Tiene dudas de si este es un problema sobre el cual la humanidad tenga que hacer algo?
Griffin: No estoy seguro de que ese sea un problema con el cual debemos meternos. Asumir que ese es un problema es asumir que el estado actual del clima de la tierra es el estado ideal. El estado óptimo que podríamos tener y que hayamos tenido, y que entonces tenemos que hacer todo lo posible por mantenerlo así. Primero que todo, no creo que los humanos tengamos el poder de hacer que el clima no cambie. Y en segundo lugar, tendría que preguntar qué seres humanos -dónde y cuándo- recibieron el privilegio de decidir que este clima en particular que tenemos hoy es el mejor para toda la humanidad. Yo creo que esa es una posición arrogante... La NASA no tiene que tomar acciones para cambiar el cima. Sólo para observarlo. Y esto lo hemos hecho muy bien.

Los comentarios, de expertos de la talla de Jim Hansen, reconocido climatólogo de la NASA, Michael Oppenheimer, la vaca sagrada de Princeton, y un batallón más, comienzan en “Griffin está totalmente desinformado”, “casi me caigo de la silla”, “se me atragantó la tostada del desayuno” y “es un irresponsable”, a “debería renunciar”.

Habiendo cubierto este tema tan lleno de grises como el cambio climático durante 20 años, aprendí que nada sobre esta ciencia está escrito en piedra. Y además hay que meter en la olla varios ingredientes que hacen la mezcla tan compleja como interesante: las pasiones y los egos de los investigadores, el dinero de los grants, el mal periodismo, la incertidumbre científica (que es totalmente normal y parte de la esencia de la ciencia), y la corta historia de la humanidad sobre la superficie del planeta.

La entrevista de NPR se puede escuchar en: http://www.npr.org/templates/story/story.php?storyId=10613389
Foto: Karen Bleier