con-ciencia

Un blog de Angela Posada-Swafford sobre ciencia, exploración y las cosas extrañas con que me encuentro durante algunos de mis reportajes./ A BLOG ABOUT COOL SCIENCE, EXPLORATION, AND SOME PERSONAL ADVENTURES IN SCIENCE REPORTING.

martes, 23 de enero de 2007

En el fondo del mundo



Poner el pie en la Antártida es como posarse sobre otro planeta. Uno baja del avión entre temeroso y emocionado hasta la médula ante lo desconocido, después de demorarse media hora con la vestimenta, que si los tres pares de guantes están en orden, que si me pongo el capuchón, que si me lo quito, que si la cámara, que la gafa... Al bajar del avión, el reflejo del sol sobre el hielo de la Barrera Ross es asesino. Un brillo imposible de ver sin gafas “hiper” polarizadas. El frío hoy era de –25 grados C. Un día de playa, porque es pleno verano aquí abajo.

Pero entonces miro frente a mí y quedo pasmada: la planicie blanca hasta perderse de vista tiene a un lado un volcán igualmente blanco, el Monte Erebus, ¡qué nombre más maravilloso! El único volcán activo del continente antártico. De proporciones perfectas, la montaña congelada tiene en la punta un eterno penacho de humo blanco.

Pronto la rampa trasera del avión está “vomitando” docenas de personas vestidas de rojo que me parecen como manchas en este desierto de cristal. La nieve increíblemente seca cruje bajo mis pies y no puedo resistir la tentación de copiar al astronauta Neil Armstrong cuando pisó la Luna: me agacho y tomo una fotografía de mi propia huella en el fondo del mundo.
Fotos: Desembarco del C-17 a la pista de hielo Pegassus. Un rompehielos frente al volcán Erebus. National Science Foundation

miércoles, 17 de enero de 2007

La travesía



El C-17 es uno de los aviones de carga más grandes del mundo. Con sus techos abombados hacia arriba, es algo así como volar dentro de una catedral. Está equipado para aterrizar en toda clase de terrenos difíciles, incluyendo arena, pasto y hielo. Y poco a poco comienza a reemplazar a los venerables Hércules LC-130 para posarse sobre la pista de hielo Pegassus de McMurdo, en el continente antártico. Aunque para ir al Polo Sur Geográfico todavía hay que usar el Hércules, la idea es que en el futuro este monstruo de 50 metros de ala a ala, llegue directo y sin escalas a los 90 Grados Sur, sin tener que hacer escala en McMurdo.

Hoy volamos acompañados de otras cien personas, entre infantes de marina, obreros de construcción que están terminando de construir la estación Elevada Amundsen-Scott en el polo sur, y científicos que van a sus respectivos campamentos de investigaciones. Los infantes van a McMurdo para ayudar a descargar el buque contenedor que partió de California hace varias semanas, y que lleva las provisiones para todas las bases y campamentos remotos antárticos de EE.UU. para todo el año.

El vuelo hasta la Barrera de Hielo Ross, una lengua blanca del tamaño de Francia y cien metros de espesor (ver mapa en comentario anterior), toma cinco horas y media. Nos dan bolsas llenas de emparedados, manzanas, chocolates y maní: para un vuelo tan corto, hay comida como para un día entero. Pero nos urgen a que la consumamos: “de ahora en adelante deben acostumbrarse a consumir unas 5.000 calorías diarias”, nos dice un geólogo. “porque el frío le roba al cuerpo una enorme cantidad de energía sin que se den cuenta”.

Apenas voy por la mitad del emparedado cuando miro por la ventana: ¡Icebergs! Pequeños al principio, parecen cuadritos y triángulos sueltos sobre el agua azul oscura. Pronto se van agrandando y media hora después, ¡el borde de la Antártida!


Fotos: la gigantesca cabina del C-17; la Barrera de Hielo Ross nuestro punto de aterrizaje.

martes, 2 de enero de 2007

Viaje al Continente Blanco



Tras ocho años de darle lata a la National Science Foundation de EE.UU., logré finalmente una invitación al Polo Sur geográfico a producir reportajes sobre la ciencia que se lleva a cabo en el punto más frío, seco, aislado, remoto y hostil sobre la superficie terrestre. Así, tras una montaña de papeleo, exámenes médicos y una logística infernal que nos llevó hasta la ciudad de Christchurch, Nueva Zelanda, (donde tuvimos aprender a equiparnos con 16 kilos de ropa polar y otros atavíos de emergencia), embarqué, en compañía de mi colega productor de documentales Mauricio Eduardo Quintero, en un C-17 (es algo así como volar dentro de una catedral) rumbo a la estación de McMurdo, en el borde del continente antártico.

Narraré en este blog durante los próximos días, algunos de los altibajos del viaje memorable al Continente Blanco.

Puesto que estamos entrando en el llamado “Año Internacional de los Polos”, los ojos del mundo estarán puestos nuevamente sobre dos las regiones heladas del globo, para resaltar su importancia geopolítica, científica, histórica y medioambiental: Como dos turbinas gigantes, los polos -los ecosistemas más delicados y simples del planeta- redistribuyen e influencian el clima a escala global, siendo la clave fundamental para entender los procesos geofísicos que suceden en la Tierra.

De ambos la Antártida, una masa de hielo de hasta casi 5 kilómetros de espesor, se ha convertido en el más grande laboratorio científico del mundo. Pocos lugares tienen una geografía más desconocida, peligrosa, seductora, inaccesible y alucinante. Y pocos han dejado tal huella en la imaginación colectiva de quienes los hemos visitado. Porque la Antártida es un paisaje de la mente. Una especie de metáfora en varios tonos de blanco.

La revista MUY INTERESANTE (http://www.muyinteresante.es/) tiene este mes de enero toda una sección dedicada a los polos, su historia, su geopolítica, y la ciencia que se lleva acabo en ellas, incluyendo al megaproyecto internacional IceCube. Un observatorio maravilloso enterrado a varios kilómetros bajo el hielo para detectar neutrinos cósmicos.

En La revista GEO, una Carta desde El Polo Sur (http://www.georevista.es/)

En WIRED, la compleja logística de la conectividad a 90 Grados Sur. (http://www.wired.com/wired/archive/15.01/posts.html?pg=2)

Y eventualmente, la revista NEW SCIENTIST (http://www.newscientist.com/) publicará una nota sobre las nuevas bases polares, incluyendo la ultrasofisticada estación estadounidense Amundsen-Scott en el Polo Sur, y las bases Halley VI de Inglaterra, y Neumeyer III de Alemania.

Foto: Lo primero que se ve del Continente Blanco es el borde de la Barrera de Hielo Ross, una lengua congelada del tamaño de Francia, que tiene en promedio unos 100 metros de altura. Al fondo derecha, el Monte Erebus, el único volcán activo el continente antártico. Cortesía National Science Foundation.